El reto
Zenware integra y da soporte a infraestructura tecnológica para empresas: redes, servidores, respaldo y seguridad. Trabajan con Dell EMC, Lenovo, Veeam e IBM, y compiten por contratos donde el cliente pide tres propuestas antes de decidir.
El problema no era que la web fuese fea. Era que el servicio no se entendía sin una llamada de por medio. Un responsable de sistemas entraba, no distinguía si eran consultora, integrador o distribuidor, y se iba. Cada conversación comercial empezaba explicando lo mismo desde cero.
En un sector donde el cliente compara proveedores en una tarde, eso se paga caro: no te descartan por malo, te descartan por no haberte entendido.
La marca tenía un problema distinto y más sutil. No estaba mal planteada: el símbolo era suyo y se reconocía. Lo que había envejecido era la ejecución, y eso la dejaba por debajo de los fabricantes con los que aparece en la misma página.

Objetivos
- Que en diez segundos se entienda qué hacen y para quién
- Separarlos de los integradores genéricos con los que compiten
- Poner delante la credibilidad que ya tenían y no estaban usando
- Dejar el sitio en manos del equipo, sin depender de mí para actualizarlo
La solución
Ordené el sitio por lo que el cliente busca y no por lo que ellos venden. Arriba, cuatro soluciones concretas con el nombre que un responsable de sistemas usaría al buscarlas. Nada de categorías internas.
Los logos de los partners suben a la parte alta de la página. Dell EMC, Lenovo, Veeam e IBM no son decoración: son la prueba de que pueden sostener un contrato grande, y estaban escondidos abajo.
Las cifras del equipo van antes que cualquier texto corporativo. En este sector se contrata a gente, no a una marca, y el tamaño del equipo responde la pregunta que todo comité se hace: si podéis con esto.
Con la marca no hacía falta empezar de cero. Fue un refresh, no un rebranding: la nube ya funcionaba como símbolo y es lo que la gente reconoce, así que se queda. Se puso al día todo lo demás.
El problema real eran los pesos. La nube era una mancha sólida y el nombre iba en una tipografía fina, con ranuras interiores y del mismo azul claro que el símbolo. Visualmente el dibujo gritaba y el nombre susurraba, y en un logo quien tiene que quedarse es el nombre. Se equilibró: el wordmark pasa a minúsculas, a un geométrico de trazo grueso y a azul marino, con más aire entre letras. Ahora símbolo y nombre pesan igual.
El azul sube de saturación, así que la nube sigue llevando el color y el nombre se queda con el contraste. Importa más de lo que parece: en la propia web el logo aparece en la misma fila que Dell EMC, Lenovo, Veeam e IBM, y ahí no puedes ser el más flojo.
De la marca actualizada salieron las piezas del día a día: papelería, acreditaciones, firma de correo y plantillas para redes, todas con la misma retícula que el sitio.
La maquetación se montó con el contenido editable por ellos. Añadir una solución o cambiar un partner es rellenar campos, no pedir presupuesto.

















